sábado, 17 de noviembre de 2012

Relato: El Sabor Amargo de la Envidia

En un pequeño pueblo llamado Izamar, vivían dos hermanos gemelos, llamados Imel y Amán.

LA ENVIDIA
Parecían dos gotas de agua,  pero su interior era totalmente distinto.
Amán,  irradiaba luz, era una persona bondadosa y lleno de alegría; Imel por el contrario era sombrío y la envidia hacia su hermano le corroía día tras día, deseaba todo lo peor para Amán; pero Amán nunca sentía frustración, ni resentimientos, respondiendo siempre de una forma positiva ante cualquier dificultad.
Una tarde lluviosa y fría, Imel no pudo aguantar más y pidió con todas sus fuerzas al Astro Divino, tener todo lo que su hermano poseía.
El Astro Divino le pregunto: ¿Y qué es lo que tiene tu hermano que tú no tengas?, Quiero, dijo Imel, una hermosa esposa, muchos amigos y una gran casa.
Y el Astro Divino se lo concedió.
Al día siguiente una hermosa mujer llamó a su puerta y pocos días después se caso con ella, en la fiesta fueron muchos amigos de su nueva esposa, a través de ellos obtuvo dinero y con el dinero consiguió casas y coches nuevos.
Pero la felicidad de Imel duro poco, su nueva esposa carecía de sentimientos, no sentía amor por nada ni respecto por nadie, era fría como el hielo y amarga como la hiel; las grandes fiestas atestadas  de caprichosos amigos, le provocaron cuantiosos gastos y  considerables deudas que Imel no pudo afrontar; vendió sus casas y perdió a sus amigos junto a su mujer.
Entonces, Imel resentido e inseguro de tantas privaciones y penurias, le pregunto con ira a su Astro Divino.
¿Por qué? ¡Si yo te pedí sus bienes!.
Y yo te los concedí,- respondió el Astro Divino, – pero se te olvido el deseó más importante de todos que hace mantener al resto de los bienes.
¿Y cuál fue?, le preguntó  lleno de furia y rabia.
No me pediste su riqueza interior; ésta riqueza te hubiese dado a una mujer honesta y bella, a unos amigos duraderos y fieles y tu estabilidad te hubiese proporcionado un hogar.
Aquella noche Amán tuvo un sueño,  un Astro le revelaba la angustia que desde  hacía años llevaba su hermano Imel sufriendo. Entristecido, Amán le pregunto al Astro -¿Y qué puedo hacer por él?.
A lo que Astro le respondió, entregarle tu corazón.
Amán, no lo dudo, fue en busca de su hermano, le extendió su mano y le entrego su corazón, el Astro al ver tanto amor, convirtió en realidad el deseo de los dos.
Muchas veces son los pequeños deseos los que derivan en grandes logros.

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