viernes, 30 de noviembre de 2012

Relato: Crecer como el árbol


Como el árbol

Y así, bajo el gran Magnolio, empezó su enseñanza.

En una pequeña escuela sin nombre, de un pequeño pueblo casi olvidado, vivía  un viejo y atípico profesor; una mañana reunió a todos  los pequeños y les dijo: -Hoy, vamos a hablar del árbol y de cómo vosotros,  pequeños diablillos,  podréis en un futuro ser grandes personas; dicho esto, se puso en pie y como si de un cuento se tratase dijo:
Todas las sociedades que habitan en este mundo tienen los mismos miedos, las mismas necesidades y los mismos comportamientos, la diferencia entre unos y otros está en cómo se expresan. Los sentimientos del ser humano  tienen una raíz y esa raíz es lo que da vida al árbol. Sus frutos dependerán de cómo lo hayamos cuidado, habrá que abonarlo, regarlo y podarlo para que crezca sano y fuerte y tendrá que ir aprendiendo en su crecimiento a protegerse por sí mismo de las lluvias y la sequía, del sol, de los fríos de la noche, de virulentas tormentas e incluso de pequeñas y falsas frágiles hierbas que crecerán a su alrededor aprovechándose de los frutos que del árbol pudieran caerse como abono para su propio crecimiento, a protegerse de la lluvia en días tormentosos y del sol en días calurosos, de su sombra y su frescor, pero también se aprovecharán vorazmente de su abono compitiendo duramente entre ellas por la luz, los nutrientes y el espacio, serán el refugio de plagas y enfermedades.
Las semillas de estas malas hierbas vendrán a través del viento y los pájaros, por lo que deberéis estar atentos de limpiar vuestra tierra con cada nueva estación.
Podar bien las hojas para que vuestro árbol pueda crecer con vigor y fuerza y  de esta forma lograreis que vuestras ramas tengan belleza; el aire y  los rayos del sol podrán penetrar  sin dificultad en su interior haciendo crecer y florecer sus flores en forma armónica soportando sin esfuerzo el peso de sus frutos.
Tendréis menos frutos  pero más sabrosos y recordad siempre que las ramas que empiecen a secarse o crezcan en un sentido contrario a vuestra armonía deberéis cortarlas enteras,  sin desgarrarlas; el corte deberá ser limpio para que cicatrice mejor, si desgarras la rama dejaras a tu árbol herido y la herida podría infectarse, el árbol  podría enfermar, debilitarse y perder su esplendor. Tened siempre a mano vuestras herramientas limpias y dispuestas, así estaréis preparados para crecer fuertes, con brillo, elegantes y distinguidos  como el gran Magnolio.
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