martes, 29 de abril de 2014

Fragmento XIV El Futuro de las "Las Ventanas del Mundo" Las 7 Ramas del Gran Árbol Tiféret.Fin de una civilización


de "LAS VENTANAS DEL MUNDO"
Desconocemos tantas cosas, que debemos fijarnos en los pequeños detalles ya que en ellos están todos los secretos que el hombre en su codicia busca, pero no ve.  




CONTINUACIÓN DEL FRAGMENTO XIII

...Jesed (compasión, misericordia) y Gevurá (valentía y fuerza,
severidad y juicio) nos daban la responsabilidad como seres
humanos, obrando correcta y éticamente como un acto encomiable
digno de alabanza. Sus ramas se unían reconciliando
las inclinaciones conflictivas que pudieran surgir entre ambas,
manifestándose una gran belleza a través de la mezcla de sus
valores. Pequeñas sefiras de color azul como el cielo de una mañana
de verano mezcladas con otras rojizas como el atardecer
de una fría tarde de invierno se desprendían de las finas pero
fuertes ramas del gran árbol.
Tiféret era la gran rama central, el núcleo, la columna de armonía
y verdad, equilibrando la tendencia de crecimiento del resto
de las ramas, armonizándolas con el resto y logrando la unidad.
Desde su interior emergía una gran luz dorada provocada
por la cantidad de florecillas en forma de estrella que del gran
tronco central nacían, ellas revitalizaban la mente, las energías
y la inspiración, alejando los miedos y las cosas superfluas, dando
luz al resto de hojas y flores que las envolvía.
La Netsaj aludía a lo emocional, la constancia y victoria, combinándose
con lo mental o ramas Hod,majestuosidad, esplendor
y gracia. Eran dos largas y gruesas ramas que se entrecruzaban entre
el resto en forma de zig-zag. Las bellas hojas verdes de Netsaj
acompañaban a las florecillas naranjas de Hod, que permitían dar 
forma a nuestros proyectos y nos ayudaban a superar las fases
emocionales y los impulsos instintivos provenientes de Netsaj.
La rama Yesod estaba casi unida a Maljut, donde descansaba
el fundamento de la realidad. La base de la magia donde las
imágenes y pensamientos creados en nuestro interior pueden llegar
a materializarse. En esta rama duerme la memoria y es la memoria
de todo lo que hemos hecho y lo que hemos vivido, la que
forma la imagen de nosotros mismos, dándonos la personalidad.
Hermosas y grandes flores de color violeta abrían sus pétalos
rozando casi la tierra y envolvían al gran árbol con su perfume;
la única sustancia que suscita más el recuerdo y con mayor
intensidad que los olores.
Maljut era la única rama que nacía prácticamente en la tierra,
desprendiendo de ella los frutos de la esencia que había recibido
del resto de las ramas. Maljut era la rama receptora de
todos los atributos que poseían el resto de las ramas que estaban
sobre ella.
Los siete anillos que rodeaban al Tiféret representaban los
valores esenciales de los Toekom. El primer anillo representaba
«El Valor», cualidad que garantizaba la existencia de los otros
seis anillos, la perfección del hombre en cuanto a ser hombre,
en su voluntad, en su libertad y en su razón.
El hombre valiente no hace más que abandonar el pasado,
lo viejo, lo conocido, y siempre está dispuesto a dirigirse a lo
desconocido. Necesita coraje porque nunca se sabe lo que va a
ocurrir al momento siguiente, es impredecible, el valor de saber
enterrar un pasado y nacer en cada momento.
El segundo anillo constituía «La Perseverancia», que tenía
la facultad de amplificar los alcances de la inteligencia, la memoria
y la imaginación, teniendo como objetivo dar una motivación
para realizar lo que se deseaba alcanzar en un esfuerzo
continuo. Este segundo anillo nos daba un conocimiento realista
de uno mismo, de nuestras fortalezas y debilidades, transformando
todos nuestros sueños, dándoles vida, luchando por
convertirlos en realidad, porque «el que persevera, alcanza».
«La Sensibilidad» era el tercero; abarcaba la capacidad frente
al amor, correspondiendo a los sentimientos de amistad, afecto
y cariño. La sensibilidad nos permitía descubrir en los demás
a ese «otro yo» que piensa, siente y requiere de nuestra
ayuda, haciéndonos más previsores, participativos y despertando
hacia la realidad.


El propósito de la inteligencia fracasaba si se era incapaz
de ajustarse a la realidad prefiriendo no afrontarla. El papel de
la sensibilidad nos daba la capacidad de darle sentido verdadero
a nuestra existencia.
El cuarto anillo afectaba a «La Responsabilidad», una facultad
que nos permitía interactuar, comprometernos y aceptar
las consecuencias de los hechos libremente realizados,manteniendo
en orden la vida en la comunidad, demostrando el
compromiso con las propias decisiones y con las consecuencias
que estas pueden generarle tanto a la persona en sí como a quienes
lo rodean.
La responsabilidad, autonomía y libertad se unían estrechamente
formando el cuarto anillo.
El quinto aludía a «La Solidaridad», una palabra mágica
que nos revelaba un interés universal por el bien, impulsando
los verdaderos vientos de cambio favoreciendo el desarrollo de
individuos y nuevas comunidades y ciudades.
La solidaridad trascendía a todas las fronteras, una virtud
contraria al individualismo y egoísmo.
El sexto encarnaba «La Equidad», basada en una justicia
natural, poniéndola en práctica a partir de nuestra propia
intimidad y cotidianeidad, valorando a cada persona como un
ser excepcional.
El séptimo y último de los anillos simbolizaba «La Tolerancia
», permitiendo a los seres humanos entender que cada
persona es única e irrepetible. Se trata de una actitud de consideración
hacia la diferencia, de una disposición a admitir en los
demás una manera de ser y de obrar distinta de la propia, de la
aceptación del pluralismo.
Nuestra ciudad reflejaba la cosmovisión de todos los que
la habitábamos, nuestra forma de ver y comprender el mundo
se reflejaba en la planificación y construcción de la ciudad.
Justo en la entrada del primer círculo de la ciudad tuvimos el
encuentro con nuestros visitantes Temuranos, se presentaron ante
nosotros como si fuesen tres ángeles llegados de otros mundos.
Éramos un pequeño grupo de diferentes edades los encargados
de acompañar y explicar a nuestros tres invitados cualquier
duda que pudiera surgirles. Les hablamos de cómo aprendimos
a sobrevivir entre la nada, a comunicarnos mentalmente
y los procedimientos que seguíamos para mantener una ciudad
en coherencia y armonía; estábamos dispuestos a compartir con
ellos todos nuestros conocimientos, queríamos un mundo mejor
para todos, y ellos, a pesar de nuestras diferencias, eran parte
también de nosotros.


Como siempre, hubo consenso en cuanto a las tareas y funciones
que fueran a desempeñar, les habilitamos una zona en
el tercer anillo, el de la sensibilidad, que pensábamos sería el
más indicado para que nuestros nuevos invitados se sintiesen
lo más cómodos posible.
Dos de los visitantes, Gara y Jonay, nos comentaron que
eran neuro-científicos y doctores en Física y Química; el tercer
visitante, Urus, era bio-informático, un investigador interdisci-
plinar de las ciencias de la computación y las tecnologías, y analista
de datos biológicos.
Tanto los Temuranos como nosotros, los Toekom, amábamos
nuestro planeta y queríamos seguir manteniéndolo, pero
lo curioso de todo eran las diferentes formas de vida que habíamos
ido adoptando los unos a diferencia de los otros, aclimatándonos
al medio que nos rodeaba; éramos dos mundos cuyos
pies pisaban la misma tierra.
Los días que permanecieron con nosotros se adaptaron perfectamente
a nuestro sistema de vida; recogían los frutos de los árboles
y recolectaban los de la tierra, nos ayudaban en los quehaceres
diarios, participaban en las habituales charlas que dábamos
a los más jóvenes exponiéndoles sus ideas y nos observaban. Observaban
y apuntaban en sus mentes todos nuestros movimientos;
se preguntaban cómo era posible que sin ninguna administración
ni autoridad hubiera siempre unión y aprobación en todo, que la
armonía reinase siempre y no hubiese depravados ni corrompidos,
o no se conociesen enfermedades virulentas y agresivas.
Era fácil de entender, vivíamos en una ciudad libre, donde
se poseía lo que se necesitaba y se disfrutaba de ello, siendo

nuestra propia energía positiva nuestra autoprotección.

http://www.youtube.com/watch?v=vxaA8mnOroM


(Continuará,  ver Fragmento XV)


DONDE COMPRAR "LAS VENTANAS DEL MUNDO":
OTROS LINKS DE INTERES:

Del libro "LA 5ª CLAVE"
Perdonar no es olvidar, es recordar sin dolor. La grandeza de un hombre no se mide por lo que tiene, sino por la valentía que ha ido demostrando en su camino, cada vez que un tropiezo le hizo caer y volvió a levantarse.


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