miércoles, 9 de julio de 2014

FRAGMENTO XVII Una decisión puede cambiar el Mundo, del Libro "Las Ventanas del Mundo"


Muchas veces, por no decir casi siempre, no somos conscientes del poder tan tremendo que tenemos. Pedimos ayuda a otros ignorando que la verdadera fuerza y los que verdaderamente podemos hacer los cambios que deseamos, somos nosotros mismos.

Magali, la protagonista de este libro, vivía en un lugar paradisiaco pero la atracción inesperada hacia Urus, le cambio la vida. Eligió cambiar de ciudad, de amigos, de procedimientos y un largo etc... porque sentía en su interior que así debía hacerlo. Lo que ella no sabía es que además de cambiar su destino cambiaría el destino de muchas otras personas.
Toda acción tiene una reacción. 
https://www.youtube.com/watch?v=vxaA8mnOroM 




(Fragmento XVII)

En aquel momento descubrí que era el principio y el final

de una historia, me sentía como un torrente rabioso que se abría

paso entre las piedras y saltaba sin miedo hacia el oscuro fondo

de un abismo perpetuo, y eso me entristecía.


Sin poder parar el tiempo, el día finalmente llegó y Urus y

sus dos compañeros debían marcharse. Habían transcurrido siete

maravillosos días y su misión había finalizado; tenían la erudición

en su poder y eran conocedores de cómo era nuestra ciudad,

una ciudad con un sencillo sistema de vida donde la

avenencia, humildad y sencillez reinaba como ley, y pudieron

también comprobar que eso era suficiente para nosotros ya que

simplemente teníamos lo que necesitábamos.


Había llegado el momento que podría cambiar el curso de

mi vida para siempre; aquella noche sublime, Urus me había

pedido que le siguiese y tenía que tomar una decisión, escoger

uno de los dos caminos que me brindaba el destino: continuar

en mi ciudad o irme con él a la suya.


Mi preferencia por la naturaleza y por la sencillez me tenía

totalmente cautivada a ser una Toekom, al igual que los

ochocientos millones de personas que se desplazaron en su día

a la aventura, en la búsqueda de ciudades silenciosas, diferentes,

ciudades llenas de espiritualidad; pero sentía que Urus era

el hombre de mi vida y poseía tanta fuerza vital que me dejé

persuadir por sus proyectos y proyección de un futuro portentoso

y apasionado.


En aquel momento entendí mi vida como un gran viaje,

con momentos en los que se saborea la dulce miel del paraíso,

sintiendo paz, profunda gratitud unida a una tranquila alegría

y confianza, o la hiel dejándote el amargo sabor de una

despedida.

Había tomado una decisión. Urus había entrado en mi piel,

en mi cuerpo y en mi mente como un verdadero tornado, mi

vida había sido hasta que le conocí sencilla, quería a la gente

que me rodeaba, mis amigos, mi familia, pero había algo en

mí que había permanecido dormido, y era la pasión; una pasión

desatada por su amor que se había despertado junto a un

sinfín de emociones nuevas desde el primer momento en que

le vi. Era sencillo: acababa de descubrir el amor.

La decisión estaba tomada: dejaba mi ciudad, dejaba a los

Toekom.

Sin mirar atrás, Urus cogió fuertemente mi mano y con

paso firme y aplomo nos dirigimos hacia su Merkaba, donde

nos esperaban impacientes Gara y Jonay. Éramos una sola persona

con dos cuerpos y yo me sentía flotar.

Atrás dejé a mis amigos, a mi familia y a todo lo bello que

amaba, sabiendo que el futuro que me esperaba no iba a ser del

todo fácil, pero también sabía que era necesario. «Nada ocurre

porque sí», me dije, todo tiene un porqué y en aquel momento

yo tenía que estar entre los Temuranos, ya que además de mi

amor por Urus, existía un poder superior que me conducía hacia

esa para mí increíble y extraña ciudad.


Subí a aquel Merkaba despidiéndome de todos con la mirada,

transmitiéndoles mi cariño. Mis ojos se humedecieron y

no sabía si era de felicidad por haber encontrado a Urus o tristeza

por dejar a mi gente; en cualquier caso era consciente de

que por muy larga que fuese la noche, el amanecer llegaría.

[

—Adiós, Magali—me dijeron—, sabemos que tu decisión

es la correcta y nos sentimos felices por ello. Quizás algún día

vuelvas a visitarnos, pero por muy lejos que estés, seguiremos

unidos a ti.

El lenguaje humano no tenía vocablos para hallar la expresión

de tan magnífica luz y esplendor que su despedida me

transmitía.

El Merkaba se fue elevando despacio, suavemente, divisándose

según nos alejábamos una mezcla de vivos de colores,

ríos serpenteantes con su azul bravío, el verde y ocre de las laderas

que confluían en los siete anillos, cientos de colores engarzados

de las distintas y variopintas piedras que componían

sus calles, unidos a los pequeños reflejos de las verdes hojas

destellantes de los grandes árboles que el viento travieso empujaba,

arqueando sus jóvenes ramas danzantes.

Me sentía segura de mi decisión, henchida de un vivido

fuego de amor, porque sabía que mi destino estaba al lado de

Urus.

Fue una decisión rápida y nunca me arrepentí de tomarla.

Las decisiones más complejas y difíciles de nuestra vida se suelen

presentar ante nuestros ojos de una forma clara, donde solo

se necesitan unos segundos para saber qué camino tomar. Pero

no siempre es así, ya que al ser espinosas, las demoramos, produciéndonos

la confusión y haciéndonos creer a nosotros mismos

la gran dificultad que se nos plantea. Y no es la dificultad lo

que nos impide dar el paso, sino la falta de valor para afrontar

la realidad de lo que verdaderamente queremos y necesitamos.


El viaje fue corto, me parecía algo tan grande lo que estaba

viviendo que hasta el tiempo se empequeñeció, la curiosidad

y la ilusión me invadían; unos segundos, tan solo unos segundos

necesité para cambiar el rumbo del resto de mi vida.


Al mando del Merkaba, mis nuevos amigos iban pulsando

lentamente pequeños iconos virtuales que se desplegaban ante

sus ojos, las instrucciones que salieron de sus voces fueron el

inicio de mi nueva vida. Gara y Jonay, sentados a mi lado, me

miraban y sonreían, una sonrisa sin palabras para no romper

esos últimos momentos mágicos de mi adiós a mi ciudad. Mi

aprendizaje a una nueva sociedad acababa de empezar.

(Continuará,  ver Fragmento XVIII)

María del Carmen Aranda es articulista en la revista:

http://www.youtube.com/watch?v=vxaA8mnOroM
DONDE COMPRAR "LAS VENTANAS DEL MUNDO":
OTROS LINKS DE INTERES:

Del libro "LA 5ª CLAVE"
Perdonar no es olvidar, es recordar sin dolor. La grandeza de un hombre no se mide por lo que tiene, sino por la valentía que ha ido demostrando en su camino, cada vez que un tropiezo le hizo caer y volvió a levantarse.






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