sábado, 15 de diciembre de 2012

Relato: Aprender a soñar


La suerte de aprender a soñar

Mírala, pero si no sabe lo que dice ni sabe a dónde va, y nos dice a nosotros que aprendamos a soñar jajaja…

¡Esta mujer está loca!, no vive la realidad, ¡mira que decirnos que debemos aprender a soñar!, ¿y eso para que nos servirá?.
Niños y adultos de aquel lugar se reían de ella, porque la veían cerrar sus ojos al caminar.
¿Y ahora donde estas Manuela? Jajaja… – ¿Paseando por la orilla al lado del mar? Jajaja…   Reían todos.
Pero un día, la noche cayó sobre la ciudad y todos tuvieron miedo a la oscuridad. Se oían llantos en las casas, cuerpos temblorosos al no tener visibilidad; las sombras en sus mentes les rondaban, y por mucho que se esforzaban no lograban ver un ápice de claridad.
Fue entonces,  cuando Manuela salió a la calle y encendió una gran hoguera.
-Salid todos de vuestras casas,- dijo gritando- y llevar junto a vosotros lo que más miedo os pueda generar, lo echareis a la lumbre, cerrareis fuertemente los ojos y os enseñare a soñar; de este modo perderéis el miedo a las tinieblas, a las penumbras y a la negrura de la noche.
Salieron todos con cierto temor, pero Manuela muy serena les fue guiando hasta su hoguera, una vez allí, todos cerraron sus ojos y Manuela pacientemente les enseño a soñar, a sentir su calor, a percibir el aroma de la leña envuelta por el viento, y el cántico del chisporroteo saliendo del fuego.
-Dejad vuestra mente volar y pensad en cosas bonitas, una playa, un monte, el mar, la sonrisa de un niño, y hacia ellos, avanzar. Después, abrid vuestros ojos.
Y así lo hicieron. Cuando volvieron abrir sus ojos, vieron a Manuela llorar. -¿Que te ocurre Manuela? Nunca te habíamos visto llorar.
-¡Lloro de felicidad!; vosotros podéis ver todas la cosas maravillosas que hay en este mundo y además, ahora habéis aprendido a soñar. Yo únicamente veo con mis ojos cerrados; acercarme vuestros rostros, así os podre imaginar.
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